Se publica por primera vez la colección de piezas en cerámica que Ramón Lapayese creó mayoritariamente entre 1955 y 1970.
La formación de Ramón fue rigurosamente académica, tanto en su fase madrileña (primero en el taller familiar, el Círculo de Bellas Artes, y la Escuela de Cerámica), como en la barcelonesa (Escuela de Bellas Artes de San Jorge y de Artes y Oficios de La Lonja). Después continuó en Roma y París. Sirva este comentario para recordar que también tuvo su aprendizaje específico en las técnicas de la cerámica, que utilizó en gran parte en su producción artística. Porque no hay que olvidar que, aunque después de esta época (aproximadamente los años 1955 a 1970), no volvió a dejar piezas de cerámica terminadas y cocidas en horno, continuó como escultor modelando arcilla hasta prácticamente el final de su producción, aunque fuera para crear bustos, retratos o las figuras de bronce más tardías. En sus bocetos, todas estas obras fueron modeladas en barro, y, después, pasaban por todo el proceso de fundición en bronce.
En entrevista con Mª Pura Ramos, del diario Pueblo, en mayo de 1957, la periodista visita el estudio del artista y se fija en las cerámicas y comenta en su página: «Después, la cerámica. Una verdadera colección de objetos de cerámica, graciosa de forma y colorido, se amontonan en un estante. Y nos comenta el autor: -‘En realidad, no me dan mucho quehacer. Es entretenido moldearlos’ (sic).»
Años más tarde, en su visita a México con motivo de la instalación del Cristo monumental en la Catedral de Mérida, Yucatán, el artista menciona al periodista Eugenio Marfil, del Diario de Yucatán, su interés por la famosa cerámica en una localidad de aquel Estado Mexicano. En la entrevista publicada del día 22 de septiembre de 1967, el reportero viene dialogando con Ramón acerca de sus influencias, y éste responde: «- El trabajo diario, mi pintura, escultura. Eso me parece que es lo que más me va enseñando. O sea, es un encontrarse diariamente a sí mismo, a través de las diferentes actividades que practico, de la escultura y de la pintura. De la cerámica también. Por eso el entusiasmo mío con las cerámicas de Ticul.»
Ramón Lapayese modela todos estos objetos de alfarería, en forma de vasijas, con referencias a las ánforas romanas y de otras civilizaciones antiguas, y además, botellas, tarros, platitos, bandejitas o ceniceros – Ramón fumaba en pipa -, cuencos, cántaros, tazas, botijos y demás de diverso tipo, como posibles escanciadores, vinagreras o floreros, y sus variaciones destinadas a otros usos – sin olvidar la posible producción de cálices para la liturgia cristiana. Alguna pieza podría pasar por candelabro o palmatoria.
Algunas incluyen un agujero en medio, todo asimetrías y movimiento, frecuentemente pellizcados y con abolladuras, con o sin asa, y tanto en arcilla gris como roja.
Es llamativo el muestrario de formas y proporciones, a veces el recipiente tiene una gran panza y el cuello corto, y otras veces el cuello es más largo y la parte inferior más ancha, otras veces son más estilizados en su conjunto. En algún caso quedan como entretenimiento estilístico y mero objeto decorativo y se sustrae su posible utilidad en un entorno doméstico. Y algunas están terminadas con decoración extra en distintas texturas o líneas ayudado del torno, palillos de modelado y con esmalte de diversa coloración, que las hace más decorativas y de aspecto novedoso.
Queda también un baldosín esmaltado con un motivo inspirado en las pinturas rupestres: de nuevo nos hallamos ante una muestra del interés del artista por el arte primitivo, y una pieza que pudiera parecer una botella, en forma humana, pero sin utilidad aparente.
Se repiten algunos motivos de líneas inspiradas en la naturaleza: insectos como mariposas o libélulas, y en los lenguajes asiáticos, cuando parece tomar prestados caracteres de los alfabetos chino o japonés.
Todas las fotografías de esta página creadas por Elapayés.





















































