Incorporamos esta entrada especial en el blog para mostrar un tema apasionante para Ramón Lapayese, y que resultó en una rica y variadísima obra artística: la tauromaquia y el mundo de la Fiesta de los toros. Ramón produjo más de 300 escenas taurinas desde bien temprano en su producción, pues tiene dibujos y apuntes desde finales de los años 40 -el artista tenía por aquel entonces 20 años. Posteriormente, la tauromaquia resultó en uno de los leit-motif clave durante las distintas épocas de su obra, partiendo desde al academicismo temprano, el expresionismo extremo, pasando por el cubismo y hasta su obra más tardía, donde los ejemplares de los que se guarda foto indican que, acercándose a los años 90, las obras resultan menos distorsionadas y se fijan sobre todo en el colorido y el movimiento. Es un caso extraordinario, pues la producción de temas taurinos se extendió a lo largo de toda la carrera del artista, con lo que se trata de un conjunto de obras con una amplísima variedad, que abarca más de 40 años.
La mayoría de ellas está dedicada al binomio principal toro–torero, pero Ramón Lapayese también se fija en el público, en el ceremonial del paseíllo y las variadas escenas que deja una corrida de toros: los alguacilillos, el brindis y las mulillas también están recogidos, pero el autor también tiene diversas obras dedicadas a la suerte de varas. De todas ellas se publican muestras en esta entrada, a veces con fotos de no mucha calidad, que se incluyen por el interés estético, y hallará otras diversas en la página de obra gráfica y en la de la influencia del arte primitivo. Observe también que algunos títulos originales, año de producción o las medidas de algunas obras no han podido hallarse en el archivo del artista y son referidas con un nombre meramente descriptivo. Finalizando la página encontrará la opinión del artista acerca de la suerte del picador, incluida en la Enciclopedia Cossío de Los Toros.
Acerca del título de esta entrada
No nos hemos inventado el título. La referencia explícita a Picasso se publicó en la prensa alemana, firmada por el crítico de arte Kurt Fischer, y por ello la reflejamos aquí. Desde luego es excelente para cualquier artista que resulte comparado y «supere» en algún aspecto a la producción del famoso y extraordinario pintor del siglo XX, prácticamente antonomasia de «arte moderno». En concreto, la cita periodística completa es la siguiente: «Acht Gemälde allein gelten dem Stierkampf. Vor diesen Bildern ist selbst Picasso konventionell: so wie Lapayese hat noch keiner dieses Spiel zwischen Kreatur und Mensch gemalt!». Lo que, traducido a español, significa: «Solamente ocho cuadros tratan el tema de la tauromaquia. Ante estos cuadros, el propio Picasso resulta convencional. ¡Nadie como Lapayese ha sabido pintar el juego entre el hombre y el animal!.»Lo que publicó el crítico alemán
Traducción de la columna
Un artista meridional de colores oscuros
El español Ramón Lapayese expone en el “Gabinete de Arte”.
Hace mucho tiempo que no ha habido en el “Gabinete Artístico del Steintor” de Hannover una exposición tan sugestiva como la de Ramón Lapayese, un artista español de 38 años que ha ganado ya varios premios de España y Francia.
Al comienzo de su obra figura la escultura, de la que dan testimonio en la exposición algunas estatuillas. En ellas se advierte aún alguna remembranza de los primeros bronces de Giacometti y de Calder; pero las obras de Lapayese adquieren un acento propio por su gran vitalidad.
Esta vitalidad domina también en sus pinturas, realizadas con pincelada amplia sobre lienzo basto y que frecuentemente alcanzan gran monumentalidad. Sorprendente resulta que este pintor del Sur de Europa prefiera colores oscuros y apenas alguna vez emplee el azul claro o el blanco puro, como en el cuadro titulado “En la Playa”. Pero ¡qué pureza hay en sus colores negro, marrón rojizo o blanquecino! Al principio pintaba Lapayese cuadros abstractos, pero sin caer nunca en el mero constructivismo. De allí continuó su camino hacia una nueva captación de la realidad. Predomina “lo nuevo” porque no se trata en este caso de una renovación de viejos estilos.
Solamente ocho cuadros tratan el tema de la tauromaquia. Ante estos cuadros, el propio Picasso resulta convencional. Nadie como Lapayese ha sabido pintar el juego entre el hombre y el animal.
Kurt Fischer. Diario Hannoversche Rundschau, Hannover, 25 de mayo de 1966
Predilectas del público
El público aficionado, coleccionistas, medios de comunicación y los galeristas mostraron predilección por estas obras, que fueron éxito de ventas. Muchas de ellas fueron vendidas en exposiciones y en peticiones posteriores a ellas, dada la rapidez con que se adquirían, tras alguna exposición ya clausurada, por la que seguían llegando pedidos del galerista para el cliente tal o el cliente cual. Esto ocurrió tanto en pintura como en escultura. Por ejemplo, de la serie que se muestra en bronce a continuación, unas 20 esculturas distintas de toro y torero, cada una de ellas pieza única, se crearon y vendieron rápidamente entre 1968 y 1971, en las tres exposiciones en la sala Kreisler de Madrid, en los años 1968, 1969 y 1971.
Pintura: óleo y técnicas mixtas
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Escultura: piezas en bronce, tallas en madera y piedra
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Acerca del título de esta entrada
No nos hemos inventado el título. La referencia explícita a Picasso se publicó en la prensa alemana, firmada por el crítico de arte Kurt Fischer, y por ello la reflejamos aquí. Desde luego es excelente para cualquier artista que resulte comparado y «supere» en algún aspecto a la producción del famoso y extraordinario pintor del siglo XX, prácticamente antonomasia de «arte moderno». En concreto, la cita periodística completa es la siguiente:
«Acht Gemälde allein gelten dem Stierkampf. Vor diesen Bildern ist selbst Picasso konventionell: so wie Lapayese hat noch keiner dieses Spiel zwischen Kreatur und Mensch gemalt!». Lo que traducido a español vendría a ser: «sólo ocho cuadros están dedicados a las corridas de toros. Ante estos cuadros, incluso Picasso es convencional: ¡nadie como Lapayese ha pintado nunca este juego entre criatura y hombre!» (Hannoversche Rundschau 25 de mayo de 1966).
La desaparición de una espectacular escultura
Hay que reflejar una lamentable pérdida en la producción que quedaba del artista Ramón Lapayese, y es la del gran conjunto Toro y Torero de unos tres metros de longitud, por dos de altura. Esta obra singular, Medalla de Oro Especial en la Bienal de Escultura de Zaragoza, en 1962, quedó a la intemperie más de 50 años y sus elementos reciclados – madera, cuero y hierro – no lo pudieron resistir. La obra pasó por una restauración del propio autor en los años 80, donde incluso modificó su estructura: tapó las costillas del toro con nuevo material, el torero se situó medio metro más adelante, y el capote, que en la primera versión estaba enganchado al cuerno izquierdo del animal, ahora pasó a continuar en el derecho. El conjunto recibió una nueva capa de barniz o tinte, que oscureció su imagen global. Pese a quedar bajo techo unos años, la estancia en el estudio del artista fue necesitada para otros fines, y la gran escultura quedó de nuevo a la intemperie, donde otros 20 años después, acabó estropeándose definitivamente, la madera y el cuero enmohecidos, y se echó a perder. Se refleja a continuación la evolución de la obra.
Lo que dijo la prensa en su presentación
«Ramón Lapayese expone una composición de gran tamaño —»Toro y torero»— situada en el área de la nueva figuración, construida con leños y terminada con materiales heterogéneos: pieles, metales, asfalto, pintura… El conjunto es de un expresionismo chirriante, desgarrador. Como en todas las obras de Lapayese, las texturas son preciosas, riquísimas. Están trabajadas con mimo de orfebre. Con esta insólita obra se ha cometido un gran error al encajonarla en el fondo de una estrecha sala. Para esto, hubiera sido preferible no admitirla. Esta pieza requiere mucho aire, mucha luz y mucho espacio vacío alrededor. Colocada en el centro de la sala I del Palacio de Velázquez hubiera podido ser la gran atracción del Certamen, el revulsivo, el tema polémico que necesita la Exposición Nacional —si es que la Nacional aspira a tener un público más numeroso que el que componen los propios expositores. Repito: para colocarla donde está, hubiera sido preferible no admitirla. Con soluciones de compromiso, medias tintas y paños calientes, la Nacional no recobrará el pulso.”
Santiago Arbós Ballesté. Diario ABC. Madrid, 5 de Julio de 1962
La opinión del autor sobre la Fiesta de los toros y de la suerte de varas o del picador
Se resume a continuación, por su interés, la opinión de Ramón Lapayese acerca de los toros y del picador. Fragmento en la Enciclopedia Cossío de Los Toros:
«Heroico y galán, tosco y frágil, cazurro, esperpéntico, estoico y epicúreo, que de todo hay, vedlo en los lienzos de Goya y de Lucas hasta dar en Picasso, pasando por Fortuny, Benlliure, Zuloaga y Vázquez-Díaz. Dos pintores contemporáneos, Barjola y Ramón Lapayese, vuelven una y otra vez sobre el tema del picador.
Quise saber a través del propio pintor, con palabras suyas, el por qué de esa recurrencia del tema. Habíamos coincidido Ramón Lapayese y yo hace muchos años en el Colegio Español de la Ciudad Universitaria de París, como becarios postgraduados. No nos habíamos vuelto a ver, pero ahora había una razón importante en forma de Picador (…)
Ramón nos enseñó el estudio, admirable desde todo punto de vista. Perdón, esta vez, Ramón Lapayese, por haber prestado más atención a sus temas taurinos que a otros, aunque conscientemente intentase distribuir la atención entre tanto cuadro importante. La opinión del pintor llegó por escrito dos días después. Es ésta:
«El mundo del picador.—Esta suerte me emociona por el conjunto de tres actitudes diferentes (el picador es la representación de la agresividad; el toro, la encarnación de la ira, y el caballo, la estampa del miedo) aunadas en un volumen lleno de movimiento, de gran plasticidad y colorido. Para mí es la escena más dramática y sugestiva de la corrida.
»El cometido del picador (si éste no abusa de su situación de superioridad) aunque cruel, lo veo necesario para debilitar al toro, aunque no siempre se deberían efectuar los tres puyazos establecidos, porque dejan al animal inservible para los demás tercios.
»La cogida.—La cogida es el momento en que equilibran las fuerzas entre toro y torero.
»De todos modos, cualquier momento de la corrida me interesa, desde el punto de vista pictórico o escultórico, con esa mezcla de feria y tragedia que se palpa ya desde los aledaños de la plaza hasta la misma arena, por la animación e indumentaria variopinta de los espectadores y toreros, aunque el talante de estos últimos difiera visiblemente del de los primeros.»
Los toros desde la psicología, por Fernando Claramunt López
Enciclopedia Cossío de Los Toros – Tomo VII
Dirigida por José María de Cossío y Antonio Díaz Cañabate
Editorial Espasa Calpe, S.A. Madrid 1980-89
Esta edición incluye dos pinturas de Ramón: Puyazo (1980) y Tauromaquia (1978). El título es erróneo, se trata de la pintura «Tienta en los corrales».