El Crucifijo tallado en madera más grande del mundo
Entre los múltiples encargos de obra civil y religiosa que atendió Ramón Lapayese durante su producción artística, destacan dos Cristos tallados en madera, de dimensiones monumentales, producidos entre 1965 y 1967.
En esta entrada se muestra un conjunto de imágenes de ambos encargos, y, por primera vez, se incluyen dos documentos videográficos donde se recoge el interés periodístico suscitado por ambas esculturas.
Las dos monumentales esculturas encargadas desde México a Ramón Lapayese. Ambas talladas en madera de abedul. A la izquierda, Cristo de más de 5 metros de los PP. Dominicos en Ciudad de México. A la derecha, el Cristo de la Unidad, de 6,65 metros, para la catedral de Mérida, Yucatán, antes de instalarse en su emplazamiento definitivo. Las imágenes no están a escala.
1965: Cristo en el Templo del Divino Redentor, Ciudad de México
El primer Cristo encargado por los PP. Dominicos de México, de 1965, superaba los 5 metros de longitud, y fue instalado en el Templo del Divino Redentor. Este encargo se vio complementado por otras dos esculturas talladas en madera, ambas de 3,50 metros de altura: una Virgen Dolorosa y un Santo Domingo. En esta breve noticia de Nacional, del NO-DO, se recoge la presentación de la escultura, antes de su exportación a México.
1967: Cristo en la Catedral de Mérida, Yucatán
El segundo Cristo monumental fue instalado en la Catedral de Mérida en Yucatán, en octubre de 1967. Esta obra, tallada en madera de abedul, supera los 6 metros y medio, sobre una cruz de madera de ébano de doce metros. Fue, hasta entrado el siglo XXI, el Cristo tallado en madera más grande del mundo. Ramón Lapayese revisa en esta entrevista la anécdota del encargo. La decoración del templo también incluyó un Via Crucis de bronce de 14 Estaciones.
En la prensa española y mexicana, las distintas cabeceras incluyeron informaciones elogiosas sobre la novedad de la instalación en la Catedral de Mérida. En la imagen contigua, un montaje de página interior del diario Novedades de Yucatán, del 5 de octubre de 1967.
De esta escultura comentó el crítico de arte Carlos Antonio Areán:
«Se trata de una de las esculturas de madera más grandes que he visto hasta ahora. Claro está que el tamaño nada dice, pero sí, en este caso, la calidad extraordinaria. Se trata de una obra clásica, tanto en sus proporciones, como en su dignidad extremada, o en su perfecto estudio anatómico. Se nos ha querido ofrecer un Cristo, que incluso en medio del dolor, resulte más majestuoso, y que tenga una tensión ascensional que inspire, al mismo tiempo, deseo de elevar el alma hacia Él, creando un ambiente de serenidad. Tal como sucede en toda obra verdaderamente modélica, la única posibilidad de captarla, es verla. Todo lo demás será pasar al lado de ese no sé qué que hay de milagroso en todo auténtico arte, y que aunque parezca una paradoja, resulta una mezcla de pura claridad y de misterio. Ramón Lapayese nos ha mostrado aquí, que cuando cultiva una figuración que podríamos considerar de tipo tradicional, es uno de nuestros más penetrantes, rigurosos y perfectos escultores actuales.»
Revista de Investigación y Cultura ARBOR, Tomo LXVI, Nº 254, Febrero 1967

El Via Crucis expresionista para la Catedral de Yucatán
Como parte adicional del encargo para la Catedral, Ramón Lapayese realizó un fantástico Via Crucis expresionista: 14 relieves en fundición de bronce a la cera perdida, acabados con pátina verde y soportados en marco de cobre o latón bruñido. Cada una de estas esculturas tenía unas dimensiones de 70 x 60 cm. Se trata de figuras en bajorrelieve de tipo realista expresionista, recortadas sin fondo y con bastantes detalles de textura y líneas de expresión. Los rostros de las figuras están apenas presentes, pero todas están llenas de gran movimiento y transmiten emotividad y el sufrimiento de Jesús en su penoso camino a la Crucifixión. A destacar también los fenomenales fragmentos del terreno que pisan los personajes, con perfil expresionista. Este Via Crucis responde a la devoción tradicional de 14 Estaciones, un par de décadas antes de la reforma introducida por el Papa Juan Pablo II. Se recuerdan a continuación los momentos concretos del Via Crucis tradicional.
XIII. Jesús es bajado de la cruz y puesto en brazos de su Madre
XIV. El cuerpo de Jesús, amortajado en su sepultura
(Fuente: Wikipedia)